Análisis de Battleborn: a la sombra de Borderlands

Análisis de Battleborn: a la sombra de Borderlands

Tan pronto como ‘Borderlands 2’ llegó a las tiendas de todo el mundo en 2012 y vimos su final, hemos suplicado a Gearbox Software una continuación. Sin embargo, cuando parecía que iba a llegar tan esperada noticia, en 2014 sus responsables anunciaron IP nueva: ‘Battleborn’, un shooter competitivo.

Si bien el desarrollo de ‘Borderlands 3’ se confirmó hace un par de semanas, el presente de Gearbox Software es ‘Battleborn’, y tras jugar intensivamente estos días desde su puesta en marcha (el pasado 3 de mayo en PC, PS4 y Xbox One), toca dar su veredicto final para ver hasta qué punto ha mantenido el nivel.

El que busque las mismas sensaciones que experimentó con ‘Borderlands’, se llevará un chasco. A pesar de compartir el espíritu, con esa mezcla de cabronazos con sentido del humor, flojea en su historia, y el apartado multijugador, en el que más ha centrado sus esfuerzos el equipo de Randy Varnell, necesita pulir unos cuantos detalles para mostrarse consistente.

Pero vayamos por partes…

Rendain, un villano que es más bien un Jack el Feo

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Las comparaciones son odiosas. A la historia de ‘Battleborn’ le falta fuelle. No le da tiempo a desarrollar ninguna de sus facetas y está muy mal planteada.

Podemos disfrutarla en solitario (nada recomendable, aunque se puede), en compañía de colegas (a pantalla partida para dos jugadores, o bien online con cinco) o con desconocidos. Si lo hacemos de manera privada, podemos seguir el orden de la historia. Pero claro, con esto nos exponemos a jugar en solitario si no contamos con ningún colega que tenga el juego para poder invitarle.

La solución, a priori, debería ser buscar partidas dentro de la “Historia pública”. Sin embargo Gearbox Software ha optado por una decisión incomprensible: aquí no podremos escoger el orden. Es más, al crear una partida en el servidor, se nos darán tan solo tres opciones a elegir, sin saber a qué parte de la historia se corresponden. En mi caso he seguido un orden difuso, completando algunas de las últimas misiones antes de lo que debería dictar el curso de la historia, dificultando hacerse una idea de qué demonios pasaba ahí. Algo que, en cualquier caso, tampoco tiene mucha miga una vez estamos habituados a su universo:

“Todo se ha ido a pique por culpa de Rendain y tan solo queda una Estrella. Las facciones dejan a un lado sus diferencias y se van uniendo para derrotarlo.”

Al contrario que en ‘Borderlands’, la historia se estructura en misiones muy marcadas con localizaciones fijas. Son misiones, además, muy lineales, y sin objetivos secundarios. En la mayoría de estas misiones se peca, para más inri, de escoltar aliados o proteger estructuras, lo que tiende a hacerse pesado y especialmente complicado en la recta final de la historia. Porque aquí ya da igual las vidas que tengamos: si destruyen un objetivo importante, no podremos cargar el último punto de control, sino que la partida se pierde automáticamente y hay que volver a crear otra, con todo el tiempo que se pierde con ello.

En este sentido, es increíble el tiempo que se pierde buscando una partida para cualquier modo de juego. Aunque desde su lanzamiento el tiempo estimado sea de “corto”, de media suele tardar unos dos minutos. Primero, en adjudicar un servidor; después, en buscar a los aliados; acto seguido, a los rivales; luego, decidir qué mapa o misión queremos; y finalmente, elegir a los personajes.

Diferencias entre Historia y los modos competitivos

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Salvando ciertas mecánicas que tienden a repetirse en la historia, como afrontar hordas para defender una posición, ‘Battleborn’ destaca por sus escenarios, con un corte similar a la grandeza de Pandora, y por los encontronazos con los jefes finales, en donde será esencial la sincronización con el resto del equipo.

La historia tiene un peso importante, no solamente para conocer más a los personajes que conforman su universo dentro de las cinco facciones principales (Sociedad de la Última Luz, Eldrid, Rebeldes, República de Pacificadores Unidos e Imperio Jennerit), sino porque conseguiremos botín que podremos equiparnos después, tanto en cualquier misión de la historia como en los otros modos.

Este botín sigue el patrón habitual de rareza de los RPG (el naranja es el legendario) y puede mejorar tanto la vida, como el escudo, la velocidad de recarga de las armas y muchas cosas más. Lo curioso es que a este botín accederemos tras soltar las esquirlas (lo que sería la moneda del juego) que encontremos a lo largo de cada partida, algo que haremos una y otra vez en cada una. Porque en ‘Battleborn’, tanto el nivel del personaje como el número de esquirlas, se resetean.

Al contrario que ‘Borderlands’, por ejemplo, toda partida la empezamos con nuestro héroe en nivel 1. En base a ello, a medida que obtenemos experiencia consiguiendo objetos, comprando torretas u otras cosas, o matando enemigos, tanto humanos como manejados por la IA, subimos de nivel. Al hacerlo, se nos dará a escoger, por un sistema de hélices, entre dos o tres habilidades de las cuáles sólo podremos escoger una por nivel. A mayores tenemos el rango de personaje, que ese sí va aumentando en cada partida y que nos sirve para desbloquear skins, provocaciones o una tercera habilidad por nivel (aunque sólo podamos escoger una de las tres), y después el rango de mando, que es nuestro nivel de manera global y que también servirá para desbloquear más cosas.

¿Y qué diferencias hay realmente entre la historia y los modos competitivos? Os preguntaréis. Para empezar, en los modos competitivos no habrá cofres ni potenciadores. En la historia hay vidas, como si fuesen tickets para continuar; en los otros modos, no. Y lo más evidente: en la historia se juega en cooperativo con el resto de compañeros; en los modos competitivos, hay dos equipos.

No, Battleborn no es exactamente un MOBA FPS

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A pesar de la intención de Gearbox Software por alejarse de la muletilla de MOBA y que se le llame por lo que es, un Hero Shooter, aún seguimos encontrando gente que piensa que ‘Battleborn’ es solamente un MOBA, cuando no lo es.

Para empezar, cuenta con un modo historia. Vale que sea mucho más limitado, y sobre todo lineal que ‘Borderlands’, pero la tiene y la podemos disfrutar en solitario (al hacerlo, se reajusta la partida con menos enemigos, no necesitar tantos recursos para comprar cosas vitales, etc). Y si nos vamos a sus modos competitivos, vemos, por ejemplo, cómo cuenta con uno muy habitual de los FPS, el de conquistar y defender zonas concretas del mapa.

El que tiene la culpa de que se le considere MOBA, es el modo Incursión que ya desgranamos en su beta. Es un modo que nos sigue pareciendo su mejor reclamo, por otro lado, al ofrecer partidas más duraderas y con más variedad de objetivos: defender a los dos Centinelas del ataque rival, acompañar a los esbirros (y generar otros más potentes) para debilitar las defensas de los Centinelas, construir torretas o atacar campamentos de Siervos, unos enemigos de mayor tamaño.

El antes citado modo Captura es básicamente lo que hemos resumido: contamos con tres zonas del mapa (A, B y C) que hay que capturar y asegurar el máximo tiempo posible hasta obtener 500 puntos. Es una mecánica clásica que funciona aquí y en donde no habrá que preocuparse de esbirros manejados por la IA.

Por último tenemos el modo Fusión, en donde deberemos dirigir a los esbirros a las trituradoras del enemigo con el objetivo de acumular más puntos que el rival. Sobra decir que aquí se montan unas buenas grescas en los puntos críticos del mapa. Pero es un modo menos divertido en conjunto que Incursión.

¿Los problemas de ‘Battleborn’? Que aún necesita pulir muchos detalles. Por un lado, está el ya comentado tema de aligerar los tiempos de carga de los servidores para iniciar una partida lo más rápido posible. Después, las caídas. Tanto en la historia como en los modos competitivos nos hemos topado con gente que se ha caído de la partida antes de comenzar (o con el juego iniciado) y que rara vez vuelve a conectarse. Y aquí se nota mucho cuando falta alguien.

Esto último lo quise comprobar en primera persona. Me salí de una partida de Fusión en la que nadie quiso seleccionar el mapa “Ola de frío” (odio el sistema de votaciones, especialmente cuando hay tan solo dos mapas a elegir por modo de juego) después de un montón de intentos fallidos por querer jugar ahí, cuando, para mi sorpresa, el juego no me dejó buscar otra partida hasta que acabase esa que se había iniciado: tenía la opción de reconectar a esa partida que había dejado, o esperar a que se terminase desde el menú del juego… ¡Esperar!

El gran problema de ‘Battleborn’, tal vez, es el de no permitir unirse en caliente a una partida. Tan solo los que han iniciado esa misma partida. Es más, tampoco permite cambiar de personaje antes de empezar. Si, por cualquier motivo, vemos que el equipo está descompensado (ningún sanador o tanque, por ejemplo), ya no hay vuelta atrás. Son detalles impensables para un FPS online y con los que debería recapacitar Gearbox Software. E incluso ser más estrictos con el tema de repetir personaje, para que esté bloqueado por defecto en las partidas públicas.

De anecdóticas resultan, por otro lado, las partidas privadas dentro de los modos competitivos, donde sí que podemos poner aliados y enemigos controlados por la IA. Pero ahí todo lo que hagamos no servirá para avanzar en los desafíos.

Esto es sólo el comienzo: tiene margen de mejora

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Varios de mis compañeros no están de acuerdo conmigo, pero a mí ‘Battleborn’ me parece un buen juego. El problema es que aún le falta un hervor y cuidar varios de los aspectos mencionados anteriormente. Al menos, sabiendo que Gearbox Software suele tener en cuenta el feedback de los usuarios y que aún faltan, por ejemplo, cinco héroes por llegar (seguro que habrá sorpresas para los fans de ‘Borderlands’), seguramente se corrijan algunos de esos defectos.

Por otro lado, el que busque amortizar su compra, va a tener juego para rato en ‘Battleborn’. Hay infinidad de desafíos por cumplir, desbloqueando con ello títulos para cada héroe y, lo más importante, información detallada sobre la historia de cada uno. Aunque de momento los requisitos de esto último son completamente ridículos y un “consume-horas” de mucho cuidado para cada personaje.

Lógicamente, al estar ante un FPS tan competitivo y con tantos héroes (25 de entrada), es normal que haya que realizar algunos ajustes con algunos personajes que destacan claramente sobre el resto. Casualmente, varios de ellos forman parte del Imperio Jennerit, como Rath, Ambra o Caldarius.

Esto es muy habitual en los juegos de lucha, y como Gearbox Software siempre ha reconocido que los versus han sido una de sus inspiraciones a la hora de crear ‘Battleborn’, no extraña este hecho. En este sentido, es toda una gozada ver cómo vamos desbloqueando cada héroe cumpliendo ciertos desafíos, como ganar varias partidas con una facción, completar las misiones de la historia u obtener buenas puntuaciones en ella. O bien alcanzar distintos rangos de mando.

Habrá que ver si el equipo de Randy Varnell logra disipar los desperfectos de ‘Battleborn’ y que destaquen más sus virtudes para que no tenga que venderse como un “de los creadores de Borderlands”, porque potencial tiene. Mucho.

Battleborn

Battleborn

Plataformas PC, PS4 (versión analizada) y Xbox One
Multijugador Sí, local (dos jugadores) y online (hasta diez)
Desarrollador Gearbox Software
Compañía 2K Games
Lanzamiento 3 de mayo de 2016
Precio 38,90 euros (PC) y 57,90 euros (PS4 y Xbox One)

Lo mejor

  • 25 héroes completamente diferentes entre sí
  • Incursión llega a picar bastante
  • Infinidad de desafíos por cumplir

Lo peor

  • Parco en mapas (dos por cada modo de juego)
  • A la historia le falta mayor pegada
  • Necesita pulir las cargas y caídas, entre otros aspectos

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por
Jarkendia

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